
Hablo de ese vaso que o se ve medio lleno o se ve medio vacío, según seas, como diría Nita, “como somos las personas”. Pues yo, de primeras, si me enseñas el vaso asi, de sorpresa, sin estar preparada, lo veo medio vacío, y si me apuras, me cuesta hasta ver que tiene algo dentro, pero me esfuerzo por cambiarlo.
Las personas somos como somos, pero tiene sus ventajas cambiar algunas cosas, y este vaso es una de ellas, creo que la actitud con la que se miran las cosas es fundamental para que sean malas o buenas, os lo aseguro, eso lo aprendí hace más de un año, en aquella época en que el vaso se rompió del todo y tuve que hacer un gran esfuerzo por unir todos los pedacitos para tener un vaso nuevo, que ha pasado de ser un Duralex de toda la vida a ser uno chulo del IKEA, de colores, si esos que tenemos todos en casa…(toma la metáfora).
Bueno, a lo que iba, que intento todos los días llenar el vaso hasta arriba, salgo, como dirían Los Tequila, con la sonrisa puesta , dispuesta a comerme el mundo sin dejar una migaja e intento verlo todo bien. Y ¿sabéis que?, lo suelo conseguir, pero me cuesta lo suyo. Admiro mucho a los que podéis hacerlo fácil, a Bea que puede preocuparse de las cosas cuando realmente hay que hacerlo, a Ana que se pone el mundo por montera, a Lola que estoy muy orgullosa de ella por como se ha tomado su nueva vida y al optimista mayor del reino, Ovejo, que pase lo que pase (aunque el barco se hunda) puede ser optimista. A veces, incluso intentas dar de tu vaso a los que en ese momento lo tienen vacío, y que difícil es compartir este optimismo cuando ves a alguien llorar y no puedes hacer nada, no puedes contagiarles un poco de alegría, solo estar ahí, no se si haciendo algo o no, pero al menos intentándolo, dando gotitas de lo que tienes. Pero lo que más….molesta, es cuando tu, con tu vaso lleno, que cometes el error incluso de pensar que todo va bien, que te sobra, viene la vida y te dice, “¡eh bonita!, que te estas pasando, me vas vaciando un poco el vasito que tengo una sorpresa para ti”, y tu, pierdes en ese momento todos tus ahorros de optimismo y tienes que empezar de nuevo, pero eso es lo bueno, que puedes empezar, así que nada, animo a todo el mundo a llenar su vaso, si le sobra algo, al igual que los abrazos (que bien me vino tu abrazo y tu comentario Silvi) que me lo pase, que estoy dispuesta a recibirlo y si puedo llenar el vaso de alguien, aquí estoy, ya lo sabeis.
Las personas somos como somos, pero tiene sus ventajas cambiar algunas cosas, y este vaso es una de ellas, creo que la actitud con la que se miran las cosas es fundamental para que sean malas o buenas, os lo aseguro, eso lo aprendí hace más de un año, en aquella época en que el vaso se rompió del todo y tuve que hacer un gran esfuerzo por unir todos los pedacitos para tener un vaso nuevo, que ha pasado de ser un Duralex de toda la vida a ser uno chulo del IKEA, de colores, si esos que tenemos todos en casa…(toma la metáfora).
Bueno, a lo que iba, que intento todos los días llenar el vaso hasta arriba, salgo, como dirían Los Tequila, con la sonrisa puesta , dispuesta a comerme el mundo sin dejar una migaja e intento verlo todo bien. Y ¿sabéis que?, lo suelo conseguir, pero me cuesta lo suyo. Admiro mucho a los que podéis hacerlo fácil, a Bea que puede preocuparse de las cosas cuando realmente hay que hacerlo, a Ana que se pone el mundo por montera, a Lola que estoy muy orgullosa de ella por como se ha tomado su nueva vida y al optimista mayor del reino, Ovejo, que pase lo que pase (aunque el barco se hunda) puede ser optimista. A veces, incluso intentas dar de tu vaso a los que en ese momento lo tienen vacío, y que difícil es compartir este optimismo cuando ves a alguien llorar y no puedes hacer nada, no puedes contagiarles un poco de alegría, solo estar ahí, no se si haciendo algo o no, pero al menos intentándolo, dando gotitas de lo que tienes. Pero lo que más….molesta, es cuando tu, con tu vaso lleno, que cometes el error incluso de pensar que todo va bien, que te sobra, viene la vida y te dice, “¡eh bonita!, que te estas pasando, me vas vaciando un poco el vasito que tengo una sorpresa para ti”, y tu, pierdes en ese momento todos tus ahorros de optimismo y tienes que empezar de nuevo, pero eso es lo bueno, que puedes empezar, así que nada, animo a todo el mundo a llenar su vaso, si le sobra algo, al igual que los abrazos (que bien me vino tu abrazo y tu comentario Silvi) que me lo pase, que estoy dispuesta a recibirlo y si puedo llenar el vaso de alguien, aquí estoy, ya lo sabeis.

3 comentarios:
¿Qué podría decir yo del optimismo? En finnnnnn, yo sí lo veo medio lleno cuando me lo ponen delante de repente, pero según tengamos el día... qué común e indulgente es la subjetividad. La cuestión es que vivir cansado tiene doble curro: currar y renegar. Yo paso. Prefiero un pizza-pan después de mi trabajo en la ong. Porque sabéis que curro en una ong, ¿verdad? jejejejej
A mi me va mejor desde que me despidieron, que de entrada es algo mmmuuuuuu malo. Pero ya ves, todo tiene su jing y su jang (de verdad, no falla). Desde entonces, cuando me enfado por algo o me desespero o me pienso que es una p* mier*, me acuerdo de mis 2 años de paro, que es cierto que me lo he currado mucho, pero que hemos de esperar a ver las oportunidades que la vida nos brinda con cada cambio o con cada decisión y todo empieza a ir de nuevo bien, sólo hay que seguir con esperanza e ilusión, y de eso baby, tienes para que te hagan doctora Cum Laudem. A ver como ve las cosas la otra doctora...
Eres guay y te quiero mucho.
Besicos
Empiezo a creer que la vida depende únicamente de cómo se la mire. Si la miras con cariño, admiración y estás dispuesta a dejarte sorprender a cada momento, el vaso está siempre medio lleno. Si aceptas lo que no puedes cambiar, pero lo aceptas de corazón, no resignándote, sino que lo miras como una oportunidad que te ofrece la vida para mostrarte nuevas cosas, maravillosas, todo es diferente. Muchas veces, lo que pensamos que es lo peor que nos podía pasar en la vida (un despido de un trabajo, por ejemplo), acaba convirtiéndose en una verdadera bendición, y viceversa. Así que, por mi parte, después de mucho pensar, mucho llorar y muchas vueltas, he decidido seguir tus consejos, Lucecita. Cada cosa a su momento, y saboreándolas todas. Nunca se sabe lo que la vida nos tiene reservado...pero tenemos (yo por lo menos) mucho que aprender de ti...gracias por este blog!!
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