jueves, 5 de febrero de 2009

UNA MONTAÑA RUSA


Ayer fue una tarde curiosa, en la que los minutos iban cambiando mis sentimientos como si estuviera en una montaña rusa. Fue en el espacio de unas tres horas y hubo momentos en los que no sabía si reir o llorar porque no me salía ni una cosa ni la otra.

Todo empezó en el metro, nunca me había ocurrido algo parecido, de hecho, espero verme cualquier día en la tele saliendo en una cámara oculta, porque al menos la situación lo merecía. Íbamos sentadas una chica y yo con un asiento en medio y enfrente otra chica que no paraba de mirarnos, como si nos fuera a decir algo. Una de las veces que la mire, yo creo que la anime a hablar y nos dice: ¿os puedo hacer una encuesta?, yo creo que tanto la otra como yo nos esperábamos preguntas tipo ¿Cuánto tiempo dura tu trayecto habitualmente? o como mucho algo parecido a ¿Qué marca de yogurt sueles consumir?. Pero no, la chica se sentó entre las dos y nos dijo algo parecido a esto: “Mirad, soy anósmica (no tengo olfato, aunque en ese momento me costo un poco descifrarlo), vengo de trabajar, se que tengo el olor del sudor fuerte y tengo una cena ahora, os quería preguntar sinceramente ¿huelo?. Os podeis imaginar mi cara y la de la otra chica (y yo tambien me imagine la de Su ante una situación así) , y ya que quería sinceridad (si pregunta algo así es porque quiere una respuesta de verdad de la buena) y le dije que sí, porque de verdad olía, y ella seguía ¿y si levanto los brazos más?, y yo, pues sí, (porque la otra chica le mentía como una bellaca y le decía que no). Después de darnos las gracias se sienta enfrente y nos dice que estaba pensando regalarnos una pajarita de papiroflexia pero que no le daba tiempo, que se tenía que bajar, que muchas gracias. Cuando se bajó pensé, o nos ha tomado el pelo, o ¡ole sus narices! Porque yo no creo que me pudiera tomar con tanta naturalidad una enfermedad así.

Cuando por fin llegué al teatro me entero de la última noticia del piso y de la incredulidad por la situación anterior, pase a un sentimiento de rabia e impotencia seguido por unas ganas irrefrenables de llorar y mandarlo todo a la mierda.

Cuando estoy en esas, me entero que hemos cambiado de función y de ver una obra de mentalismo, vamos a ver un monólogo cómico. Y alli estaba yo, a punto de llorar y con tres personas enfrente haciendome reir. Y la verdad es que lo consiguieron, lograron apartarme de la tristeza durante un rato, y me hicieron reir con cosas cotidianas.

Fue una tarde de picos y bajadas, como casi todas las cosas que ocurren en la vida, reimos, lloramos, gritamos y a veces simplemente nos dejamos llevar. Como diría Davi, “Asín” es la vida.