He oído de todo, bebes esperados que no llegaban, alegría al ver la ansiada rayita rosa, miedos, alegrías, desesperación e incluso historias de terror sobre partos horribles y dolorosísimos, pero aunque os parezca mentira, nadie me había hablado de esta sensación.
Ocurre un día, y te deja sin habla, paras todo un momento y esperas que se repita, porque sabes que ha sido algo especial, algo a lo que prestar atención, algo por lo que dejar que el mundo se pare a tu alrededor. De repente, otra vez, allí está, un toquecito leve, una caricia, un estoy aquí…
Es la sensación más bonita desde que empezó esta aventura, mucho más que ver el corazón latiendo, mucho más que ver su imagen, es algo íntimo, entre ella y yo, algo complicado de contar y explicar porque como todo lo bonito de esta vida es sutil, delicado, sin grandes complicaciones, un pequeño detalle que cada vez que ocurre te hace sonreir y darte cuenta de que merece la pena.
entro de poco dejará de ser sutil e íntimo, porque las caricias se convertirán en pataditas y después en patadones dignos de la deportista que espera su padre. A partir de ese momento, lo podré compartir, podréis sentir que está llegando, que ha dejado de ser una idea para convertirse en alguien, alguien que os necesitará tanto como su madre.





